
Congelar la comida de tu bebé es un salvavidas: te ayuda a organizarte, ahorrar tiempo y evitar que la comida termine en la basura, sin perder calidad ni seguridad. Eso sí, hay una forma correcta de hacerlo para que realmente funcione.
El método, las temperaturas y tiempos marcan la diferencia entre una comida segura y una que podría perder sabor o valor nutricional.
En esta guía te contaremos cómo congelar comida de bebé paso a paso, desde la preparación y el almacenamiento hasta el descongelado y recalentado, siguiendo las recomendaciones de organismos internacionales.
Antes de llenar el congelador con papillas y purés, hay un paso esencial que marcará la diferencia: la preparación. La higiene, una buena cocción y elegir los recipientes correctos son pasos esenciales en cómo preparar papillas para congelar de forma segura.
Lávate bien las manos con agua tibia y jabón antes y después de manipular los alimentos.
También asegúrate de que las superficies estén limpias y desinfectadas, y revisa que los utensilios y contenedores estén en buen estado antes de usarlos.
Cocina los alimentos por completo (nada de verduras semicrudas o carnes a medio cocer) para eliminar microorganismos. Luego deja que se enfríen a temperatura ambiente solo por un corto periodo (máximo dos horas, según la AESAN), antes de pasarlos al congelador.
Usa utensilios distintos (como cuchillos o tablas) para cada tipo de alimento, ya que la carne cruda tiene bacterias que podrían depositarse en otros alimentos al usar los mismos utensilios para cortarlos.
A la hora de guardar las papillas, opta por recipientes o bolsas para congelador, preferiblemente de silicona o plástico libre de BPA.
Congelar comida de bebé mantiene sus nutrientes, te permite planear mejor los menús y reducir el desperdicio. Así que, si buscas una rutina de alimentación más organizada y flexible, aprender cómo preparar papillas para congelar es un excelente primer paso.
Estos son los métodos más seguros para almacenar la comida congelada de bebé:
Si vas a preparar varias porciones a la vez, deja que la comida se enfríe completamente dentro de las primeras 1–2 horas antes de guardarla. Una vez fría, congélala de inmediato.
Este método es ideal para las primeras papillas, cuando necesitas porciones pequeñas y fáciles de manejar. Cada cavidad de una cubeta estándar equivale aproximadamente a 28 gramos (1 onza) de comida, según la Academy of American Pediatrics. Esto permite saber exactamente cuánta cantidad estás ofreciendo y descongelar solo lo necesario.
Una vez que los cubos estén firmes, pásalos a una bolsa apta para congelador, etiqueta con fecha y tipo de alimento, y así tendrás porciones listas para usar sin desperdicio.
Otra opción es distribuir el puré en bandejas o directamente en bolsas de congelación. Si usas bolsas, aplánalas antes de sellarlas para que ocupen menos espacio y se congelen más rápido. Además, así es más sencillo apilarlas y mantener un orden visual en el congelador.
Temperatura: Para mantener la comida de tu bebé segura, el congelador debe estar a –18 °C o menos, tal como recomiendan organismos de seguridad alimentaria. Este nivel evita el crecimiento bacteriano y conserva mejor la textura.
Duración en congelación: la comida del bebé conserva su mejor calidad entre 1 y 3 meses, periodo en el que mantiene la mayor parte de sus nutrientes. De hecho, la FDA recomienda consumirla dentro de esos primeros tres meses para asegurar la mejor frescura y sabor.
Ten en cuenta que las papillas comerciales congeladas pueden durar un poco más, ya que suelen estar pasteurizadas y procesadas para extender su vida útil.
Descongelar correctamente es tan importante como congelar bien. Existen tres métodos seguros para hacerlo:
- Dentro el refrigerador, dejándolo descongelar por varias horas o toda la noche.
- En el microondas, usando la función de descongelar.
- Bajo agua corriente fría, manteniendo el envase bien cerrado siempre.
Si tienes prisa, puedes calentar el puré directamente en una olla.
¡Alto ahí! Antes de congelar las papillas o purés caseros de tu bebé, hay algunas precauciones importantes que debes saber:
Esto puede favorecer rápidamente el crecimiento de bacterias, especialmente riesgoso para los más pequeños.
Una vez que la comida se descongela, no debe volver a congelarse. Guárdala en el refrigerador y úsala dentro de los dos días siguientes. Volver a congelarla puede afectar su textura, sabor y aumentar el riesgo de contaminación. Mejor sirve solo la porción que vayas a usar y mantén el resto intacto para asegurar su frescura y seguridad.
Algunos ingredientes simplemente no resisten bien el frío. Las papillas con mucha agua o ciertos lácteos pueden cambiar de textura al descongelarse, y los purés con frutas cítricas o plátano tienden a oxidarse. Para conservar mejor la calidad, congela los alimentos por separado y mezcla las combinaciones justo antes de servir.
Si la comida ya entró en contacto con la boca o la saliva del bebé, lo más seguro es desecharla. Esa mezcla puede introducir bacterias que sigan creciendo incluso después de enfriarse. Por eso, sirve siempre una porción aparte y guarda el resto intacto.
Aunque los frascos pueden parecer una opción práctica, no son la más segura para congelar. Al solidificarse, los alimentos se expanden y pueden provocar que el vidrio se quiebre o desprenda pequeños fragmentos, algo que representa un riesgo serio para el bebé.
Preparar papillas para congelar es una de las formas más prácticas de asegurarte de que tu bebé siempre tenga alimentos frescos, nutritivos y listos en minutos. Al elegir ingredientes de calidad, cocinar de manera sencilla y seguir las pautas correctas de almacenamiento, puedes crear un pequeño “banco de papillas” que te ahorra tiempo y te da tranquilidad cada día.
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